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domingo, 3 de abril de 2011

A la luz de una fotografía sin compasión

El Museo Reina Sofía inaugura el miércoles una exposición inédita sobre

la práctica fotográfica de los obreros entre 1926 y 1939, desde Alemania

a la Guerra Civil española

El trabajador, hasta 1926, era un fantasma encerrado en el autismo de la explotación de los mares de fábricas y campos de trabajo. Hasta ese momento, el obrero no había nacido, porque todavía nadie había retratado sus condiciones laborales, ni su vida cotidiana, ni sus lugares de trabajo, ni el esfuerzo de sus tareas. Ni "los horrores de la miseria social", que era uno de los aspectos que pedía el llamamiento que la publicación alemana AIZ lanzó a todos los obreros con una cámara fotográfica en el número del 25 de marzo de aquel año. Se buscaban los proveedores de una imaginería sin aburguesar, testigos de un movimiento que no atraía el interés de los fotógrafos profesionales.

La convocatoria del periódico ilustrado de los trabajadores tuvo cierto éxito y a partir de ese momento cada número incluiría reportajes de los obreros fotógrafos retratando sus propias miserias y alegrías. Ese material es el corazón que late entre los más de mil documentos, entre fotografías, revistas, libros y películas, que Jorge Ribalta ha reunido en su comisariado de Una luz dura, sin compasión. El movimiento de la fotografía obrera. 1926-1939, que el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía inaugura el próximo miércoles.

"La intención es crear un relato que explique cómo se constituyeron espacios públicos mediante la fotografía documental proletaria", explica Ribalta y señala la elevada condición de denuncia social con la que nacieron estas visiones, que no han tenido un lugar dentro de la historia de la fotografía. Junto a las fotos anónimas de los obreros, aparecen los reportajes de fotógrafos como Tina Modotti, Robert Capa, Henri Cartier-Bresson, Paul Strand, Gerda Taro, Aaron Siskind, John Heartfield o Eugen Heiling, entre tantos otros.

Arma de propaganda

La exposición se divide en tres grandes secciones que narran la evolución del movimiento en Alemania y la Unión Soviética, germen de esta iniciativa; el desarrollo por Europa y Estados Unidos, y el compromiso internacional en España, donde, a pesar de que no hubo publicaciones ilustradas que fomentaran esta fotografía, sí se produjo un importante flujo de fotógrafos extranjeros que trajeron las claves del mismo.

"La fotografía se ha convertido en una herramienta de propaganda extraordinaria e imprescindible en la lucha de clases revolucionaria", escribe en 1930 el director de la Kommintern o Internacional Comunista, Willi Münzenberg, principal promotor e innovador en los medios de comunicación de la izquierda europea desde 1921. Münzenberg creó el emporio editorial NeuerDeutscher Verlag, desde el que impulsó publicaciones como la citada e influyente AIZ (Arbeiter Illustrierte Zeitung, Revista ilustrada de los trabajadores) o Der Arbeiter Fotograf (El trabajador fotógrafo).

Arte al servicio obrero

"Así como los trabajadores de los países capitalistas han aprendido a redactar ellos mismos sus periódicos, así deben aprender los fotógrafos aficionados, el proletariado, a manejar la cámara y a servirse correctamente de la fotografía para la lucha de clases internacional", dejaba dicho Münzenberg en el escrito mencionado.

Desde la mitad de los años veinte hasta el inicio de la Segunda Guerra Mundial, el género documental obrero creció como práctica colectiva, anónima, hecha para circular en medios de masas, no en el campo artístico. Prácticas revolucionarias que promovieron el arte al servicio del proletariado.

Jorge Ribalta define esta exposición como "arqueología del documento gráfico", porque nunca antes se había investigado sobre estas ruinas de la fotografía documental relacionada con la revolución obrera, que a la postre significaría la base de otras experiencias realmente diferentes. "En EEUU, sería imposible montar una exposición como esta y en Alemania sería un asunto muy espinoso. El comunismo, como el nazismo, sigue siendo un asunto tabú", explica.

Contra los "gastrónomos de la fotografía", que reproducían la fotografía artística en favor de los valores estéticos burgueses, en la Unión Soviética también surgió con fuerza el documento que cumplía una función social y pública gracias al desarrollo de las publicaciones ilustradas comoSovetskoe Foto. El discurso formalista era arrinconado y en el polo opuesto destacaban las estampitas obreras de Walker Evans, que hizo de sus bellas postales paternalistas del obrero su motivo principal, y del sujeto retratado una víctima que necesitaba la caridad del Estado. "Es el modelo de la revista Life", apunta Ribalta.

La represión de McCarthy

Evans fue consecuencia de la despolitización que sufrió el género documental tras la Segunda Guerra Mundial, con la llegada de la represión de la experiencia comunista dirigida por McCarthy en el poder. De esta manera, el movimiento internacional de fotografía obrera, que se había agotado prácticamente en 1933, se muestra incapaz de volver a surgir. La prestigiosa Photo League, que parte de un interesante movimiento cultural patrocinado por la Internacional Comunista, es prohibida en 1951 por el presidente estadounidense. La represión hace que fotógrafos como Paul Strand huyan a Francia. Pero es el propio estalinismo el que empeñó sus mejores armas en perseguir una fotografía que dejó de favorecerle.

Tal y como puede leerse en las palabras de Edwin Hoernle, colaborador habitual de Der Arbeiter Fotograf y una de las voces más respetables del núcleo duro del movimiento alemán, era necesario retratar toda la aspereza. Sin compasión, "en toda su repugnante fealdad", denunciando a la sociedad y pidiendo venganza. Era necesario mostrar "las cosas como son, con una luz dura, sin compasión".

La práctica cercana al fotoperiodismo comprometido con el obrero dejó de ser una ingenua actividad para convertirse en una feroz molestia. Había que matarla. "Es un documental que fomenta el espíritu de revuelta y la insumisión. Esta es la historia prohibida y olvidada", añade Ribalta sobre esta experiencia obrera. Con un discurso claro y contundente, el recorrido reivindica la historia de la imagen de la víctima, vista por sí misma. Sin lamentos ni compasiones.

sábado, 2 de abril de 2011

Daniel Mordzinski expone en Valladolid 30 años de retratos de escritores

Mordzinski es fotógrafo de prensa y, entre todos los personajes que fotografía a diario, ha elegido a los escritores para detenerse. Para intentar saber algo más de ellos a través de su objetivo «intentando no aparecer yo en la foto».

La foto más antigua de la exposición que Daniel Mordzinski presenta en la sala municipal de LasFrancesas de Valladolid tiene 33 años. En ella se ve a un Borges ya con esa imagen que todos recordamos, casi ciego, de perfil, delante de una cámara (se filmaba un documental sobre su vida) y una mano que asoma señalando la luz. Entonces Mordzinski era joven y tímido e hizo la foto a cierta distancia. «Si entonces me hubiera preguntado por qué o para qué hice esa foto, seguramente no habría llegado hasta aquí». Ese aquí son 83 retratos de 80 escritores (solo Delibes repite en tres imágenes, como homenaje al escritor en su ciudad) con los que este fotógrafo argentino, afincado en París, pretende dar 'una vuelta al mundo en 80 retratos de escritores' que, como él mismo explicaba ayer, podía haber empezado en Buenos Aires, su ciudad natal, o en París, la de su residencia. «Pero es metafórico que la exposición empiece en esta hermosa ciudad y ocupe este espacio desacralizado donde se presentan los retratos de un autor al que debemos agradecer que intentara desacralizar la literatura», dijo en referencia al autor de 'El hereje'.
Mordzinski es fotógrafo de prensa y, entre todos los personajes que fotografía a diario, ha elegido a los escritores para detenerse. Para intentar saber algo más de ellos a través de su objetivo «intentando no aparecer yo en la foto». Y ha elegido quitarles su marco de referencia. No hay libros en sus retratos. Nunca el fondo es el sagrado espacio de una biblioteca histórica, ni siquiera el de una modesta biblioteca de barrio. Si hay referencias espaciales, suelen ser habitaciones de hotel (Gabriel García Márquez), salones de espera (Francisco Ayala), paisajes abiertos que tengan relación con su persona o su escritura (Amos Oz) o poses inéditas como esa imagen en la que José María Merino, de pie, retrata a un Juan Pedro Aparicio sentado. A veces los retratos son una paradoja pues apenas vemos al protagonista, bien porque está detrás de un paraguas (Ian McEwan) o detrás de una máscara (Enrique Vila-Matas).

No hay alardes técnicos, ni siquiera innovadores o rupturistas en su lenguaje. Son fotos de pequeño formato y sencilla ejecución cuyo principal valor es su argumento. Ese 'sacar de quicio', de su ambiente habitual, a sus personajes con cierta ironía y humor pero sin caer «en el golpe bajo o el ridículo».

No hay muchas mujeres. Claro está. Aun así, es una alegría encontrarse con la elegancia de Nadine Gordimer, el humor de Ana María Matute o la coquetería de Agustina Bessa-Lluis, esa mujer tan profunda en sus escritos. Pero sobre todas las fotografías, destaca una que a buen seguro pasará desapercibida en la exposición. Y a mi juicio es la mejor. Quizá porque en ella consigue su autor radicalmente ese propósito de no aparecer en la imagen. Es la de una Nathalie Sarraute en su vejez. La gran renovadora de la novela francesa, esa mujer pionera en tantos aspectos, muestra su fragilidad envuelta en un chal, algo encorvada, pero con una mirada firme, un punto insolente, iluminada a medias por la luz que entra por el balcón tras el que suponemos una calle de París. Una grande de verdad tan olvidada entre tanto autor mediático.

jueves, 31 de marzo de 2011

14 Festival de Cine Español de Málaga (Sexto día)

Enrique Morente renace en Málaga

Emilio R. Barrachina estrena la película sobre el cantaor flamenco, que falleció días antes de terminar el rodaje

Enrique Morente ha vuelto a renacer en Málaga gracias a la película documental que se ha estrenado en el Festival de Málaga-Cine Español. La cinta, terminada de rodar días antes del fallecimiento del cantaor, muestra la vida de uno de los cantantes flamencos más importantes de la historia y su relación con Picasso.
A la presentación de la película ha acudido Estrella Morente, su hija, que no tenido la fuerza suficiente para asistir a la proyección. Con la voz
entrecortada y las lágrimas a punto de salir ha explicado que su padre, tal y como se muestra en la película "estaba muy vivo y tenía numerosos proyectos pendientes".
Morente, que participa en la película al igual que el resto de su familia, ha recordado que su padre tenía muchas ganas de vivir y que incluso el día antes de entrar en el quirófano "estaba haciendo anotaciones y correcciones". "Como artista es un genio, y como persona es absolutamente insuperable", ha dicho.
Por su parte, el director de la película, Emilio R. Barrachina, ha apuntado que la muerte del protagonista no ha variado en absoluto el trabajo final. "Él quería estrenar en el Festival de Cine y así lo hemos hecho". Sobre su vitalidad y las ganas de vivir ha añadido: "El mismo día de su muerte teníamos reservado el estudio para comenzar el montaje; él nunca pensó que se enfrentaba a nada grave".
La película Morente se estrenará el 8 de abril, el mismo día en que falleció Picasso. Se podrá ver en numerosas salas de cine de todo el país y se proyectará en festivales de Sanghay, La Habana o Montreal. Y es que "Enrique era muy conocido en todo el mundo; una fábrica de ideas geniales", ha señalado el director.

"Crebinsky" una comedia surrealista a base de realismo mágico gallego

La gallega 'Crebinsky' y el documental protagonizado por Morente han sido los protagonistas del Festival de Málaga, que ya encara su recta final. La película en competición es una comedia surrealista que se podría definir como realismo mágico gallego, con un toque, sobre todo por la banda sonora, a cargo de la orquesta Krevinsky, que ha amenizado el estreno, a lo Emir Kusturica. En realidad es la historia de dos hombres y una vaca en Galicia durante la segunda guerra mundial. Se trata de la ópera prima de Enrique Otero, que cuenta con Miguel de Lira y Sergio Zearreta como dos hermanos que sobreviven de recoger de las costas todo lo que arroja el mar (las 'crebas' a

que hace referencia el título) y que están acompañados por una serie de secundarios a cada cual más loco, como Manuel Cortes.

Luis Tosar es un insólito e inepto capitán de submarino defensor de que el desembarco de los aliados se efectúe frente a las costas gallegas y no en Normandía; Celso Bugallo es un farero; Patricia de Lorenzo, una vedette venida a

menos; Oliver Schultz es un oficial nazi, jefe de un grupo de alemanes en una base gallega y Farruco Castromán un falangista de gatillo fácil. En el filme colabora también Chévere, una compañía de teatro muy popular en Galicia, donde su humor y su actitud comprometida con la realidad son fácilmente identificables por todo tipo de espectadores.

La trama sigue a los hermanos Crebinsky. Aislados de los acontecimientos bélicos que les rodean, crean su propio mundo: un universo particular de realismo fantasioso. El ritmo cotidiano de convivencia con su vaca Muchka, se ve alterado cuando desaparece.

Es entonces cuando los hermanos inician una búsqueda desesperada que los llevará desde la costa hacia el interior. "Es un cuento que va más allá de la realidad. Surge de un corto de 2002. A partir de ahí, evolucionamos y surgió el largo", según Enrique Otero. Para el director se trata de "una 'road movie' de absurdas persecuciones, viajes interiores y encuentros inesperados: los hermanos Crebinsky viajan sin saber a dónde van y, sin quererlo, acaban descubriendo de dónde vienen".

El filme combina elementos mágicos como la vaca Muchka, una imagen de la virgen o un lejano farero, con otros muy reales como los soldados nazis y un pelotón de soldados aliados que han desembarcado de un submarino y que quieren iniciar la recuperación de Europa en una perdida playa gallega. La película es, cuando menos interesante, donde Otero ha logrado hacer de la escasez virtud: "La película se rodó antes de, por ejemplo 'Celda 211', donde también estaba Luis Tosar. Para hacer una película o tienes pasta o tienes tiempo. Y en Galicia nos sobra el tiempo", afirmó.

En un festival donde no hay ninguna película sobresaliente, ni siquiera notables, ésta aprueba con nota. El universo Kusturica está muy presente y no solo en su banda sonora. Su estreno está previsto para el 8 de abril, únicamente en su versión original en gallego (la película posee también diálogos en ingles, ruso o español) siendo decisión de los productores no doblarla, aunque ello limite su difusión.

Premio Ricardo Franco

El director de fotografía José Luís Alcaine (Tetúan, 1938) ha recibido en el Festival de Málaga 2011 el premio Ricardo Franco por toda su carrera. Ha trabajado en unas 125 películas en los últimos años 46 años. Entre ellas varias de Pedro Almodóvar, Fernando Trueba, Adolfo Aristaráin, Bigas Luna, Vicente Aranda o Fernando Colomo.